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Spanish translation [from English] of Text of Speech: The Historic Role of the Finca San Jose and Camp Lazear (Quemados de Marianao) in the Conquest of Yellow Fever by Carlos Finlay, Walter Reed and their Associates, by Philip Showalter Hench, December 3, 1952

 

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    EL PAPEL HISTORICO DE LA FINCA SAN JOSE Y CAMPO LAZEAR (QUEMADOS DE MARIANAO)
EN LA CONQUISTA DE LA FIEBRE AMARILLA POR CARLOS FINLAY, WALTER REED Y SUS
COLABORADORES
.

    Para ser condensado y presentado en la dedicacion
del Campo Lazear, Habana Cuba, Diciembre 3 de 1952.

    Dr. Phil l ip S. Hench
Clinica Mayo.
Rochester, Minnesota.
U.S.A.

    El hombre es una criatura que va hacia el futuro, con una mente que
mira hacia el pasado. Para resolver los problemas del presente, frecuentemen-
te busca inspiración en los dramáticos sucesos del pasado. El puede viajar y
buscar sobre la faz de la tierra hasta llegar a aquel excitante momento, cuan-
do puede detenerse y con la emoción del re-descubrimiento exclamar: "Este lugar .-
este es el sitio exacto. Aquí es donde sucedió."

    Pero muy frecuentemente el, simplemente marca una X en el mapa y sigue
su camino. Señoras y caballeros esto no debe y no pasará aquí. Altos funciona-
rios de su Gobierno y distinguidos médicos cubanos desean que el mundo recuer-
de siempre, que en esta vieja Quinta de San Jose, hace cincuenta y dos años,
se comunicó al mundo la confirmación de una verdad, brillante verdad que trans-
formó desesperación en esperanza y dió al mundo la promesa de vida para incon-
tables millones.

    Señor Presidente Batista, mis paisanos se sienten altamente honrados
porque usted y sus compatriotas han decidido preservar y dedicar el "Campo La-
zear". En la forma mas graciosa y amigable ustedes estan uniendo para siempre
los honorables nombres de varios de mis compatriotas con aquel de su querido
y eminente humanitarista Carlos Finlay y su colaborador, Claudio Delgado.

    Es a proposito el que esto sea hecho, porque individual y colectivamen-
te, todos ellos trabajaron estupendamente, a riesgo de su vida, y uno de ellos
al precio de su vida, parapoder derrotar al enemigo común y servir una noble
causa. A usted señor Presidente, a todos los que han creado este "Monumento
Cubano-Americano", a los Dres. Saladrigas, Recio, Nogueira, Rodriguez , Andreu

 
2-
Ramos y colaboradores, mis compatriotas y yo expresan sus mas sinceras gracias.

    La Cooperación Cubano-Americana como Base de la Conquista de la Fiebre Amarilla.

    La fiebre amarilla fué conquistada gracias al unificado esfuerzo de sus
compatriotas y los mios. El deseo principal de todos ellos fué el de servir a
la humanidad, por encima del llamado del deber. El drama se desarrolló en dife-
rentes sitios, pero el lugar unificador lo fué la Quinta de San Jose.

    La Comisión Habanera de la Fiebre Amarilla en 1879.

    El pueblo Cubano es famoso por su generosidad. El deseo de compartir
lo que posee, es en él un viejo atributo. Durante 140 años, ustedes, graciosa-
mente permitieron a mis paisanos y a otros el exportar de esta tierra una gene-
rosa cantidad de fiebre amarilla. Mirando con ceño tal "libre comercio" el
Gobierno de los Estados Unidos estableción en 1879 la "Comisión Habanera de la
Fiebre Amarilla" con el proposito de estudiar esta enfermedad aquí, con ustedes.
Su proposito fué "el servir no a una, sino a todas las naciones". Entre sus
miembros se encontraban el Prof. Chaille, el Dr. Sternberg a quienes ustedes
honran hoy y al Dr. Guiteras.

    La Comisión Auxiliar Española.

    Para cooperar con los comisionados Americanos, su Gobierno formó la
Comisión Española, la cual incluía al Dr. Finlay. Este era su primer trabajo
sanitario.

    La Curiosa Inmunidad de la Finca de San Jose.

    La Comisión Americana se propuso descubir, (entre otras cosas) dende,
dentro o fuera de la Habana, la fiebre amarilla raramente se presentaba. Pron-
to ellos fueron dirigidos hacia Marianao.

    Señor Alcade, a usted le va agradar el saber, que la Comisión Americana
llamó a Marianao "el pueblo mas limpio, atractivo y bonito de Cuba" Un intere-
sante descubrimiento fué hecho. A pesar de que la fiebre amarilla era endémica
en Los Quemados y en Marianao, ahí existía un lugar que era practicamente inmune,

 
3.-
la linda Finca de San Jose, propiedad por mas de 200 años de la distinguida fa-
milia Pedroso, de quien fué rentada por los Jesuitas en 1872. Durante el tiem-
po que los padres Jesuitas permanecieron en la finca (1872-1883) nadie contra-
jo fiebre amarilla, a pesar de que ésta era endemica en todos los alrededores.

    La Influencia del Informe de Chaille en el Dr. Carlos Finlay.

    Gracias a la ayuda de los médicos cubanos, el reporte de Chaille sumari-
zó claramente todos los factores, atmesféricos , climáticos y otros conocidos en
ese tiempo. En él, uno puede encontrar todo lo referente a la fiebre amarilla,
todo excepto su causa.

    Por lo tanto el pensamiento de los higienistas del mundo no se modificó.
Sin embargo el informe sirvió su proposito, afortunadamente para el mundo, porque
influenció notablemente la mente receptiva de un hombre - Carlos Finlay (Como
él y su hijo frecuentemente mencionaron mas tarde.)

    Durante 21 años el Dr. Finlay había atribuido la fiebre amarilla a una
atmósfera alcalina, pero entonces sus ideas fueron cambiadas y el consideró su
vieja hipótesis como absolutamente sin defensa. (Sus propias palabras). Aceptan-
do la opinión de la Comisión Americana de que "el veneno de la fiebre amarilla
era un organismo vivo de naturaleza y origen desconocido" el Dr. Finlay empezó
a construir en este nebuloso fundamente, una superestructura que eventualmente
provocó la admiración del mundo.

    La Hipotesis del Mosquito del Dr. Finlay. Su primera fase, 1880-1881.

    Como si fuera guiado por una infalible "varita de virtud" hecha por él,
excluyó miles de bacterias e insectos y llegó a la conclusión de que dicho agente
debía de ser alado, chupador de sangre y habitante de la zonas endémicas de fie-
bre amarilla. El escogió al mosquito culex como el culpable. Con su caracteris-
tica modestia, el mas tarde etiquetó este pensamiento que hizo época, como un
"simple razonamiento", un ejemplo de magnifica hipovaloracion por un genio. En-
tonces en 1881 el inoculó sus primeros siete pacientes.

     al de Finlay

 

    4.-

    Los Experimentos de Finlay en la Finca de San Jose, 1883.

    En 1883 la Finca de San Jose se identificó una vez mas con la con-
quista de la fiebre amarilla. Los Jesuitas se encontraban aun gozando de su
misteriosa e inexplicable inmunidad. Que mejor sitio para demostrar la malevo-
lencia de los mosquitos de Finlay que ese, en donde por lo menos durante once
años, no se había registrado un solo caso de fiebre amarilla. Durante el vera-
no de 1883, Finlay inoculó a cinco voluntarios ahí en la Quinta San Jose (El
dr. Hench señala hacia la Quinta) uno de los cuales, el padre Urra dió a Finlay
la mayor satisfacción.

    Un Mundo Indiferente.

    En 1894, despues de catorce años de esfuerzos, el Dr. Finlay se sintió
descorazonado. Entre noventa pacientes inoculados, los resultados fueron posi-
tivos en solo 18%. A pesar de haber publicado 44 artículos de su teoria del
mosquito transmisor, el Dr. Delgado parecía ser el único médico convencido de
la exactitud de la teoria. Finlay concluyó que la inoculaciones terapeuticas
eran un procedimiento enfadoso, poco factible de ganar adeptos (Finlay, Traba-
jos Selectos pagina 232). Cuando él propuso controlar la fiebre amarilla por
medio de la prevención del contacto entre mosquitos y personas no inmunes, esto
tambien fué ignorado. Aun el descubrimiento Europeo, 4 años mas tarde, de que
el agente transmisor de la malaria era un mosquito, no le brindó a Finlay nin-
guna ayuda medica o gubernamental.

    ¿Porqué era su razonamiento y evidencia experimental desdeñada tan uni-
versalmente? Su hijo el Dr. Carlos E. Finlay nos dió la mejor explicación: 1)-
El Dr. Finlay se encontraba demasiado adelante del pensamiento contemporaneo,
y 2)- el objeto de sus inoculaciones no fué demostrativo sino terapeutico. El
trató mas que demostrar experimentalmente la transmisión della fiebre amarilla
el producir inmunidad post-inoculación. El aislamiento relativo, mas que
absoluto de sus pacientes, antes y despues de ser inoculados, a el le parecio

 
5.-
suficiente, práctico y mas conveniente. Pero debido a que los voluntarios de
Finlay no fueron sujetos a una rigurosa cuarentena, aquellos que desarrollaron
fiebre amarilla despues de ser inoculados, fueron considerados como coinciden-
cia, es decir como sujetos que desarrollaron fiebre amarilla en una forma espon-
tanea y no como resultado de la previa inoculación. (Este fué el pensamiento
oficial y del mundo médico a excepción de Finlay y Delgado).

    Parece ser que siempre que el Dr. Finlay tuvo que escoger, en lo refe-
rente a pacientes, el siempre prefirió ser primero el médico, el considerado
humanitario terapeuta y solo despues el pudo ser el frío, impersonal experimen-
tador. Un bondadoso y religioso hombre, él no pudo hacer otra elección. Pero es-
ta admirable cualidad le trajo años de negligencia, tardio e inadecuado recono-
cimiento y la perdida de una clara victoria personal. Yo sospecho, que en úl-
timo análisis, despues de que su exito fue reconocido, el no consideró el pre-
cio, como exorbitante. Si el hubiera podido repetir todo lo pasado, el hubiera
probablemente escogido, una vez mas, el mismo dificil camino.

    La Epidemia de Fiebre Amarilla en Habana. 1900.

    En la alborada del siglo veinte una nueva y viciosa epidemia de fiebre
amarilla se desarrolló en la Habana. Muchos soldados americanos aún se encon-
traban en el campo Columbia. Algunos de ellos tenian alojamiento privado en los
Quemados. Casos de fiebre amarilla empezaron a presentarse a unas cuantas cuadras
de este sitio, en donde ahora nos encontramos, primero en el numero 102 de la
calle Real (Que aun tiene el mismo número) y luego en el numero 20 de la Calle
del General Lee (Que actualmente es el numero 404).

    El Dr. Jesse W. Lazear. El segundo converso de Finlay.

    El 23 de mayo de 1900, el Dr. Jesse Lazear, un joven experto laborato-
rista, en el Columbia Barracks Post Hospital, capturó para su propia inspeccion
microscópica, a seis mosquitos que se encontraban en el cuarto de fiebre amarilla
en el número 20 de la Calle del General Lee. (Referencia tomada del libro de
notas del Laboratorio de Lazear.)

 

    6.-

    Lazear, familiarizado con los mosquitos transmisores del paludismo, se
impresionó con el trabajo de Finlay y estaba a punto de convertirse en su se-
gundo converso.

    La Junta de la Fiebre Amarilla del Ejercito Americano, 1900

    Durante mayo y junio de 1900, la epidemia se extendió rapidamente en
la Habana. Debido a que la emergencia afectaba a las tropas americanas, el ge-
neral Sternberg, Cirujano General de el Ejercito de Los Estados Unidos, creó
en Washington (mayo 24,) la Junta della Fiebre Amarilla del Ejercito Americano.
Ahí estaba la oportunidad de investigar las dudosas afirmaciones acerca del
"germen de la fiebre amarilla". Fueron comisionados el Mayor Walter Reed y el
Dr James Carroll que se encontraban en Washington y los Dres Agramonte y Lazear
que se encontraban en Cuba. El Dr. Aristides Agramonte, era un médico cubano
con experiencia en la investigación de la fiebre amarilla y en esa fecha tra-
bajando bajo contrato con el ejercito americano.

    Las Primera Investigaciones de la Junta. Sus Fallas con Bacterias.

    Para la Junta, como grupo, reuniendose por vez primera el 25 de junio,
en el campo Columbia, la teoria de Finlay no era sino una de tantas que ellos
planeaban investigar. A pesar de que Lazear recibió de Finlay, huevecillos de
Culex, que el procedió a incubar, una investigación por el germen de la fie-
bre am [a] rilla de Sanarelli, recibió prioridad y consumió cinco inutiles semanas.

    Quizas el Dr. Finlay está en lo Correcto.

    Mas tarde en junio, la epidemia se extendió a Pinar del Rio. Ahí
Agramonte, Lazear y Reed hicieron una observación crucial. Un soldado reclui-
do en una celda de la prisión enfermó y murió de fiebre amarilla, mientras sus
compañeros permanecieron sanos. Todos habian estado expuestos a la misma atmos-
fera y comida. ¿Pudo un ser alado haber penetrado a la celda, picado al soldado
que enfermó y volver a salir de la prision? Quizas Finlay está en lo cierto.

    De regreso en el Campo Columbia, la Junta intensificó su estudio en

 
7.-
los mosquitos de Finlay. Ellos recibieron ayuda de Finlay y voluntariamente
se prestaron para las primeras inoculaciones. El dos de agosto, Reed recibió
ordenes de trasladarse a Washington, a terminar un informe de una comisión
médica, formada por tres sujetos , a la cual él había pertenecido y cuyo pre-
sidente había muerto.

    Primeros experimentos en Columbia Barracks Post Hospital. Fallas.
Luego, repentino exito. La Muerte del Martir, Dr. Jesse W. Lazear
.

    En agosto, Lazear inoculó a nueve voluntarios americanos, incluyen-
dose el mismo. El empleo mosquitos infectados. Nada ocurrió. De pronto el pro-
dujó fiebre amarilla experimental en Carroll y el soldado Dean. Pocos dias des-
pues el desa rolló síntomas de fiebre amarilla y murió el día 25 de septiem-
bre. Esto fué registrado como fiebre amarilla ac [c] idental, pero que, de acuerdo
con datos revelados recientemente, fué debida casi seguramente, a auto-inocula-
ción.

    Nuevos detalles cruciales en la formula Hombre-Mosquito.

    Reed volvió rápidamente a la Habana (Octubre 4,) deprimido por la
muerte de Lazear, exaltado por los resultados aparentes, pero confundido por
el imprevisto éxito despues de las fallas iniciales. Estudiando intensamente,
y en forma especial las notas de Lazear, Reed descubrió críticas diferencias
en el tiempo entre inoculaciones con y sin exito. Por fín las dificultades
de Finlay encontraron una explicación. Reed y sus colegas habían encontrado la
razón de lo inpredecible de los previos resultados.

    Bajo condiciones usuales, los mosquitos solamente se infectan cuan-
do pican pacientes en sus tres primeros dias de fiebre amarilla. Despues de
este lapso "el veneno" desaparece de su sangre. Segundo, "el veneno" debe de
madurar en el mosquito, por un lapso de 12 dias o mas para que la picadura
del mosquito transmita efectivamente el padecimiento.

    Nuevamente, Indiferencia del Mundo y Ridiculo.

    El reporte preliminar de la Junta (Octubre) fué recibido con la
misma indiferencia y ridiculo que los Dres. Finlay y Delgado sufrieron por tanto

 
8.-
tiempo. Un editorial en Washington lo calificó de "tonto, sin sentido"
El escepticismo del mundo, no fué mas impresionado por Reed, de lo que había
sido por Finlay, debido a que las tres inoculaciones positivas de la Junta
no habían sido efectuadas bajo un riguroso control experimental.

    El Campo Lazear en la Finca de San Jose.

    Para probar en forma incontrovertible la veracidad de sus afirma-
ciones, La Junta decidió establecer una estación experimental bajo estrictas
condiciones de cuarentena. . Rechazando otros propuestos sitios, Reed escogió
la finca de San Jose, rentando esta parte de la finca al Dr. Ignacio Rojas
y su mujer, la ex Maria Lomas, viuda de Pedroso. Aun cuando muy apropiado,
la elección de Reed por este ya historico sitio, fué mas bien accidental.
Ahora por tercera vez (1879, 1883, 1900) la finca de San Jose fué el sitio
de importantes observaciones acerca de la fiebre amarilla. (Nov. 20 1900
y marzo 1, 1901).

    Drama en el Campo Lazear. Edificios Numero Uno y Dos.

    La estacion experimental llamada Campo Lazear, en honor de su falle-
cido colega, estaba formado por varias tiendas y dos pequeñas casetas, especial-
mente construidas para alojar a los soldados voluntarios. Las tiendas estuvie-
ron ahí (señalando); este "viejo guerrero" es Caseta Numero Uno. Caseta
numero Dos, destruida en 1926 estaba en aquel sitio (señalando) a ochenta
yardas de la primera, y en frente de ella.

    La mayor parte de Uds. conoce los dramáticos experimentos que se hi-
cieron aquí. En la Caseta Numero Uno, valientes voluntarios durmieron en las
asquerosas camas embebidas con sangre y vómitos de pacientes de fiebre ama-
rilla. Aun cuando los voluntarios (Uno de los cuales fue el Dr. Cooke que
murió el mes pasado) esperaban contraer fiebre amarilla, ninguno de ellos la
desarrolló debido al hecho de que no existian mosquitos.

    En la Caseta Numero Dos se hizo una cuidadosa division con malla de
alambre. En un lado, John Moran se dejo picar por 15 mosquitos infectados y

 
9.-
prontamente desarrolló fiebre amarilla. Los voluntarios que permanecieron en
el otro lado (libre de mosquitos) permanencieron sanos. Ustedes, la gente
de la Habana conoció bien a John Moran porqué el vivió aquí, un honorable
ciudadano y murió aquí en septiembre de 1950. El fué mi estimado amigo y
yo le visité aquí con bastante frecuencia.

    Otros trece voluntarios , americanos y cubanos, cuyos nombres se en-
cuentran en las placas de bronce, desarrollaron fiebre amarilla, en este si-
tio, durante los diferentes experimentos. James L. Hanberry, el unico sobre-
viviente, se encuentra incapacitado, por enfermedad , de asistir aquí como
nuestro huesped el día de hoy.

    Una vez enfermos, los voluntarios fueron transladados inmediatamente
al viejo Columbia Post Hospital. Afortunadamente, todos estos valientes volun-
tarios sobrevivieron su enfermedad, gracias al experto cuidado medico del Dr.
Roger Ames, cuya viuda ha venido desde La Carolina del Norte, para estar con
nosotros en esta fecha.

    El Dr. Finlay visita el Campo Lazear. Nov. 1900.- Feb 1901.

    El Dr. Finlay no hizo ningun experimento durante los dias del Campo
Lazear en la Finca de San Jose. Pero el vino aquí frecuentemente como miembro
del Comite de Expertos de la Habana, a confirmar los diagnosticos de fiebre ama-
rilla experimental, y como amigo de Reed, Carroll y Agramonte. De esta manera
el no solo adornó con su presencia la Quinta San Jose en 1883, sino tambien
el Campo Lazear en 1900-1901.

    Tiempo de Celebrar.

    Una vez resuelto el problema, la Junta de Ejercito de los Estados
Unidos desmanteló el Campo Lazear el díe primero de marzo de 1901. ( aunque
este permanecio rentado hasta octubre de 1901). Entonces utilizando los meto-
dos aconsejados por Finlay y otros, Gorgas, en un lapso de tres meses, limpio
a la Habana de sus viejas pestilencias.

 

    10.-

    Señor Presidente, damas y caballeros, yo deseo que despues de esta
memorable ceremonia, nosotros vayamos al Parque Central de la Habana, entremos
por la estrecha puerta del edificio proximo al Hotel Inglaterra, y trepemos
los 32 pasos para el largo y estrecho cuarto del segundo piso, encima de los
que es ahora "la Prensa Inalambrica de Cuba."

    Imaginemos que estamos haciendo eso, esta noche, sabado 22 de diciem-
bre de 1900, a las siete de la noche. El cuarto está brillantemente iluminado
pues este es el Restaurat Delmonico y aquí se han congregado un distinguido gru-
po de 60 personalidades medicas y gubernamentales de Cuba y los Estados Unidos.
Todos han venido a honrar al dr. Finlay.

    Mientras el mayor Reed toma asiento, cerca del huesped de honor, dos
fuertes emociones luchan en su interior. En su mente hay ansiedad. El mismo
día de hoy un periodico de Washington ridiculizó a él y sus colegas llamandoles
medicos aficionados y sarcasticamente rechazó la hipotesis del mosquito como
una ridicula especulación.

    Pero lo que aflije a Reed son los hombres que estan en el Campo Lazear.
Fué ayer cuando ese bravo mozalbete irlandes Johny Moran se expuso a la picadu-
ra de mosquitos infectados con fiebre amarilla, en la Caseta Numero Dos. Y Otros
once voluntarios estan esperando su turno para exponer su coraje físico y espi-
ritual a los embates de la fiebre amarilla. Tendrá alguno de ellos que morir,
como murió Lazear?

    Si, el mayor tiene motivos para preocuparse. Los experimentos planeados
no estan por ningun concepto terminados; todavía pueden durar mas de tres meses
para poder convencer al cientifico mas crítico.

    Pero dentro del corazón de Reed existe un humilde gozo, una gratitud
imposible de suprimir porque los resultados recientes practicamente garantizan
un final lleno de exito. De ahí la propiedad de esta celebración antes de Navi-
dad. La gratitud de Reed está propiamente dirigida a varios, a sus leales e
infatigables colegas, Dres Carroll y Agramonte, a Kissinger, Moran, Hanberry

 
11.-
"Cookie", Benigno (A quien Reed llama cariñosamente " Patata Dulce "; "Boniato"),
y los otros voluntarios. (Caballeros, Yo les saludo") pero especialmente a otros
tres:

    Al joven martir, Jesse Lazear: "El fué un esplendido y valiente hombre,
y lamento su perdida mucho mas de lo [que] puedo expresar con palabras; pero su muer-
te vivirá en la historia, entre aquellos que han beneficiado a la Humanidad..
Es mi sincero deseo, que cualquiera que sea el credito, que de aquí en adelan-
te reciba la Comision Americana en Cuba, el nombre de mi colega Dr. Lazear, sea
siempre asociado con ella."

    A su mentory [y] amigo, Dr. Finlay "Nosotros aquí, deseamos expresar nues-
tras sinceras gracias al Dr. Finlay, quien nos concedió la mas cortes entrevis-
ta, y puso a nuestra disposicion sus varias publicaciones referentes a la fie-
bre amarilla, durante los ultimos 19 años; y tambien por los huevecillos de las
especies de mosquitos con las cuales practicamos nuestras diferentes inoculacio-
nes.... Al Dr. Finlay debe darsele todo el credito por la teoria de la propaga-
ción de la fiebre amarilla por medio del piquete del mosquito...."

     A el Creador: "Yo doy gracias a Dios... con la misma plegaria que ha
sido mia durante 20 o mas años, de que me fuera permitido en alguna forma hacer
algo para aliviar el sufrimiento humano, plegaria que ha sido concedida.."

    Tambien la plegaria de 20 años del Dr. Finlay ha sido oida. El banque-
te está ahora terminando y una pequeña estatuilla de bronce ha sido entregada a
Finlay como muestra de estimacion y aprecio, un recuerdo de esta maravillosa no-
che. Cuan orgulloso y feliz tiene él derecho a sentirse.

    Es casi medianoche. Escuchen calladamente a la respuesta del Dr. Fin-
lay, llena de gracia, breve, vehemente: "Hace veinte años, guiado por indicios
que a mi parecieron ciertos, yo navegue en campo arido y desconocido; Ahí en-
contre una piedra, tosca en apariencia; yo la recogí y con la ayuda de mi efi-
ciente y fiel colaborador Dr. Claudio Delgado, la pulí y examine cuidadosamente,
llegando a la conclusión de que habia encontrado un fino diamante . Pero nadie

 
12.
nos creyó, hasta que pasados los años, llegó aquí una comisión, formada de
hombres inteligentes, expertos en la clase de trabajo necesaria, y quienes en
corto tiempo extrajeron la tosca cubierta de la piedra, cuyo brillo nadie
puede ahora opacar. (Carlos Finlay Dic. 1900)

    Mientras el Dr. Finlay se sentó el apl [a] uso lleno el ambiento. Este
aplauso nunca ha cesado: 52 años mas tarde todavia continua, y nuestra presen-
cia aquí, el dia de hoy, testifica que la amistad y cooperacion Cubano-America-
na, tan felizmente expresada en aquella lejana noche, tambien nunca disminui-
rá.

    De los 25 hombres cuyas esperanzas fueron satisfechas en el campo
Lazear, tres fueron cubanos (Drs. Finlay, Delgado y Agramonte), cuatro fueron
españoles, uno fué ingles, uno irlandes, y 16 fueron americanos. Algunos fue-
ron de humilde cuna; algunos alcanzaron elevada posición; unos fueron civiles,
otros fueron militares, profesionales y voluntarios; unos fueron catolicos, otros
fueron protestantes, otros fueron hebreos. Y Aqui en este hemisferio, en el
paralelo 20, ellos dieron una suprema demostración del poderio de la hermandad
del hombre.